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GASTROESCAPADA AL PARAÍSO DE LA CARNE DE BUEY

  • En Pozaldez (Valladolid) descubrimos un restaurante con su propia ganadería.

  • De regreso y tras una gran comilona visitamos el precioso Castillo de Coca.


¿Has oído hablar alguna vez de un pueblo llamado Pozaldez? Ubicado en la provincia de Valladolid y con apenas 500 habitantes esconde un tesoro gastronómico: el mesón de El Tío Macario. Se trata de un restaurante familiar con mucho encanto especializado en carne de buey a la brasa de su propia ganadería.


Dedicados a la crianza de la raza autóctona de bueyes de Santander “Tudanca” para su consumo exclusivo en el restaurante, el Tío Macario se está convirtiendo en un lugar de peregrinaje para los amantes de la carne de buey como lo es El Capricho en la localidad leonesa de Jiménez de Jamuz.

Fachada del restaurante El Tío Macario en Pozaldez.
Fachada del restaurante El Tío Macario en Pozaldez.

Ubicado a poco más de hora y media de Madrid, este asador tiene lo bueno de ser un restaurante no muy conocido por lo que además los precios son contenidos para el homenaje gastronómico que nos dimos con nuestros amigos Javi y Susana, que fueron los que nos llevaron a este templo para carnívoros.

Comedor del restaurante El Tío Macario.
Comedor del restaurante El Tío Macario.

Nada más entrar te encuentras una gran barra llena de parroquianos y, al fondo, las brasas, en las que contemplar cómo se hacen al fuego las carnes es todo un espectáculo. Sentados en nuestra mesa en el comedor, rústico y castellano, como debe ser en un sitio así, empezamos por unas Patatas al estilo “Luisito el de Pozaldez”, un vecino muy querido que convirtió la mendicidad en un arte que le permitía vivir sin penurias el invierno.

Patatas al estilo “Luisito el de Pozaldez”.
Patatas al estilo “Luisito el de Pozaldez”.

También probamos por recomendación del personal de sala unas deliciosas Patas de pulpo a la brasa. Fijaos en el plato. Es una ración y vienen tres patas que estaban muy tiernas y sabrosas.

Patas de pulpo a la brasa.
Patas de pulpo a la brasa.

A continuación nos trajeron la estrella de la casa: el chuletón de buey. Mirad el tamaño, el corte, el color…. Salivando nos quedamos al verlo y lo disfrutamos regado con un buen vino de la zona. ¡Todo un espectáculo para el paladar!

Chuletón de buey del mesón El Tío Macario.
Chuletón de buey del mesón El Tío Macario.

Y como no todo en la vida puede ser comer, completamos nuestro día acercándonos al cercano pueblo de Coca, Segovia. Allí visitamos su precioso castillo, una fortificación del gótico-mudéjar español que se encuentra en perfecto estado. La verdad es que fue muy interesante conocerlo, además de una buena forma de bajar la opípara comida que nos habíamos metido entre pecho y espalda.


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